La falacia de las «democracias» sin censura 

 

En la narrativa oficial de las democracias occidentales, la libertad de expresión reina entre todas las libertades civiles que pueda disfrutar un ciudadano. Esto, porque la misma se considera un baluarte del llamado libre flujo de ideas que se supone nutra la convivencia social en los países y sociedades democráticos.

En contraposición, a los regímenes autocráticos se les imputa el «crimen» de censurar y reglamentar, a veces por la fuerza,  tan fundamental libertad,  sobre todo entre sus críticos y opositores. En esa ecuación, al demócrata liberal se percibe airoso como ejemplo de racionalidad y tolerancia frente a la censura y la mordaza de los autocrátas y tiranos. Con este cuento de camino, las democracias liberales, encabezadas por Estados Unidos, pretenden seguir imponiéndole al resto del mundo su sistema de gobierno y de vida, sin atender, y mucho menos entender, que su pretendido control  ha desatado  desigualdades e injusticias abismales que la mayoría de las personas no está dispuesta ya a tolerar.

De ese  modo puede resumirse la gran falacia del  mito de la «democracia» como un sistema generador de diálogo, y paz social, mito que  se derrumba ante la turbulenta realidad que ahora arropa al mundo entero, y que es el resultado de las guerras y las políticas de control impuestas por las grandes democracias de occidente.

Porque cuando dichas democracias se han sentido amenazadas, y sus ideas y supuestos han sido cuestionados, y se les vira la tortilla y sus mayorías se lanzan a las calles y protestan por diferentes causas, y las élites que las  gobiernan empiezan a sentir miedo a ser desplazadas, y a perder poder y privilegios, entonces se desata contra los «cuestionadores atrevidos» toda la furia represiva, la censura y la mordaza  del sistema político, económico y militar  sobre el cual las élites han sostenido su  influencia, control y poder en sus propios países, y en las diversas regiones del mundo entero.

Un vistazo a partir de los últimos 75 años de historia, desde la Segunda Guerra Mundial hacia acá, enseña de donde vienen los vientos que han traído estas tempestades. A aquella guerra que costó decenas de millones de vidas en Europa, y que coronó a Estados Unidos como la principal potencia militar y económica, le siguió la Guerra Fría, que creó dos mundos separados y diferentes, uno a cada lado de la entonces despectivamente  llamada «Cortina de Hierro». La Guerra Fría se convirtió en el chivo expiatorio y la excusa para la imposición del dominio imperial estadounidense a través del mundo entero. La creación del estado de Israel -un invento de Gran Bretaña y Estados Unidos- en 1948 sentó  una estratégica «cabeza de playa» para las democracias occidentales en el Medio Oriente, que permitió el dominio y control  en dicha región. La riqueza petrolera de dichos países, el llamado «oro negro», fue la zapata sobre la cual se levantó la reconstrucción de Europa tras la guerra.

Desde entonces, el mundo ha sufrido los efectos nefastos de la Guerra Fría y del conflicto regional generado por la creación de Israel, con la.consabida presión sobre gobiernos y países, y la pérdida de libertades democráticas para quienes no están conformes con el estado actual de las cosas. La guerra de Israel hoy contra la población del territorio palestino de Gaza- un genocidio perpetrado y visto en tiempo real por todo el que tiene ojos para ver-  es solo la manifestación más extrema de la intolerancia y afán de dominio, y de cómo las llamadas democracias liberales cancelan derechos y libertades a sus ciudadanos, imponiéndoles la más feroz censura a su libertad de expresión. Grupos de derechos humanos en Estados Unidos han denunciado la censura quebse ejerce a  través de las redes sociales- principalmente Facebook e Instagram- a quienes manifiestan su apoyo a Palestina, conducta  que se repite en los principales conglomerados de prensa, radio y televisión de Estados Unidos. Bajo el título «The Palestine Exception to Free Speech«, el noticiario alternativo estadounidense «Democracy Now» (DN) ha realizado varios reportajes sobre la batalla que se desarrolla en muchas universidades  a través de Estados Unidos sobre la guerra de Israel contra  Gaza. «Democracy Now» reporta que en decenas de campus universitarios, los manifestantes pro-palestinos confrontan ataques racistas y represalias. Denuncia que dichos ataques forman parte de un esfuerzo por suprimir las críticas al genocidio de Israel en Palestina y al apoyo del gobierno de Estados Unidos a sus acciones en Gaza. Ya hemos visto  también rodar las cabezas de presidentas y otros oficiales de prestigiosas universidades bajo acusaciones de antisemitismo, y la ofensiva concertada por el poderoso cabildeo de Israel para cancelar y silenciar las críticas a la destrucción de Gaza y la matanza indiscriminada de su población. Momentos como este reiteran la hipocresía y la doble vara con que se implanta la práctica de la censura  en las llamadas democracias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Author: editorial